El abanico llegó a Europa tras el regreso de los portugueses de Japón. Llegó al continente en el siglo XVI, con los cargamentos de especias y sedas transportados en baúles portugueses procedentes directamente de Japón. Muy pronto sedujo a las grandes personalidades y se convirtió en un objeto de lujo entre la nobleza.
La llegada del abanico a Europa
Los portugueses descubrieron los abanicos plegables en 1549, tras la llegada de san Francisco Javier a Japón. Los llevaron directamente a Lisboa, donde se vendieron en el mercado de la ciudad. Después, compradores italianos los adquirieron y los copiaron para difundirlos por Europa. Más tarde, pintores y grabadores se apropiaron de este objeto y lograron desarrollar modelos con motivos impresionantes, auténticas obras de arte.
El abanico, un objeto de poder
En el Renacimiento, los abanicos eran sobre todo un objeto de poder. Los llevaron las grandes damas de Europa, entre ellas Isabel I en Inglaterra y Catalina de Médici en Francia. Enrique III también contribuyó a la difusión de este accesorio en Francia, y lo mismo hizo María de Médici con motivo de su boda con Enrique IV. En 1678, Luis XIV creó el gremio de abaniqueros junto con su ministro Colbert. En aquella época se consideraba abaniquero a todo artesano que plegaba y montaba los países de los abanicos. En cambio, se consideraban tableteros los artesanos que se ocupaban de los varillajes en el Oise.
Los abanicos europeos más célebres
Uno de los primeros y más célebres abanicos europeos se conserva actualmente en el Gabinete de Medallas de la Biblioteca Nacional de París. Al parecer, este objeto perteneció a Diana de Poitiers, la amante de Enrique II. Otra de las mejores obras de los pintores y grabadores del siglo XVII es el país de pantalla para los Médici, un abanico realizado por el loreno Jacques Callot que representa una fiesta en el Arno. Tampoco hay que olvidar la célebre serie de países grabados por Abraham Bosse en 1637. De hecho, en el siglo XVII intervinieron distintos oficios para producir abanicos bellos y de todo tipo; por citar solo algunos: los doradores, los guanteros, los plisadores, los tableteros y los perfumistas.
El desarrollo de la producción de abanicos en Europa
La producción manufacturada de abanicos no apareció hasta mediados del siglo XVIII. En 1760, Martin Petit inventó un sistema de molde para plisar que permitía la producción en masa de abanicos. Hacia finales del siglo XVIII comenzó la producción en serie de abanicos estampados realzados con estarcido. Fue la edad de oro del abanico en Europa.