Llamado «éventail» en francés, el abanico español se inventó en el siglo XVII. Se producía principalmente en Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga y Cádiz, y servía a la vez para refrescarse, como accesorio de moda y como accesorio de danza. Contrariamente a lo que se suele pensar, el abanico español no procede de la India, ni de Japón ni de China: es un abanico propio de España.

Una herramienta para abanicarse y un accesorio de moda

Si el término francés «éventail» procede de la palabra «vent» (viento), el abanico debe su nombre al verbo portugués «abanar», que significa tamizar, sacudir o agitar. Se trata, en efecto, de un objeto que se sostiene con la mano y se mueve de izquierda a derecha o de arriba abajo para abanicarse. También puede servir para ahuyentar a los insectos y alejar los malos olores. Además, es un accesorio de moda que se combina con atuendos elegantes. De hecho, era el accesorio más utilizado en el siglo XVII para ir a una fiesta o al teatro. Lo llevaban tanto mujeres como hombres, y permitía distinguir la clase social de quien lo portaba.

Una forma de expresarse

Por otra parte, el abanico español también dio lugar a un lenguaje gestual femenino y a un código amoroso. Reflejaba la feminidad y la imaginación, y se utilizaba para expresarse, en especial para mostrar el estado de ánimo, para coquetear o para hacer declaraciones de amor. El autor de Carmen, Prosper Mérimée, describió incluso el arte de utilizarlo de esta manera: «el abanico se abre, se cierra y gira entre sus dedos con tanta viveza, con tanta ligereza, que ni un prestidigitador lo haría mejor».

Existía, en efecto, un lenguaje secreto y cifrado del abanico, una forma de expresarse que dependía de las posiciones y orientaciones del objeto: abierto, cerrado, en la mano izquierda, en la mano derecha, tocando la mejilla, el pecho, la oreja... Estos códigos evocaban, entre otras cosas, el amor, los celos, el desdén o la indiferencia.

Un accesorio de danza

Por último, conviene saber que el abanico se utilizaba mucho en Andalucía en las exhibiciones de flamenco. Es el accesorio que da carácter a los gestos y al baile. Las bailaoras saben manejarlo y lucirlo a la perfección, y encuentran distintas formas de utilizarlo para hacer gala de destreza y de gracia. Y es que, todavía hoy, es imposible bailar flamenco sin abanico.

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