El abanico tradicional y moderno, a través de las culturas y la historia
Los orígenes del abanico
¿Quién inventó el abanico?
El abanico tiene su origen en la Antigüedad. No hay una fecha exacta; sin embargo, parece que ya en la prehistoria los seres humanos lo utilizaban para avivar el fuego. También sabemos, gracias a los textos y a las representaciones pictóricas, que los egipcios, los griegos y los romanos se servían del abanico. Apareció a orillas del Nilo, hecho con una hoja de palmera trenzada que los hijos de los faraones agitaban para abanicarse y ahuyentar a los insectos. Pero, además, al agitar la hoja trenzada obtenían una ventilación perfecta para separar los granos de trigo de la paja.
No obstante, es en China donde se encuentra el abanico más antiguo, que data del siglo VII a. C.: se trata de un abanico de pantalla, es decir, compuesto por una sola hoja que no se pliega.
El abanico plegable es una invención japonesa del siglo VII. Su inventor se habría inspirado en las alas de un murciélago, que se pliegan y se despliegan.
En Europa, el abanico plegable llega en el siglo XVI a través de Portugal. Se convierte en un instrumento de refinamiento y de lujo entre los nobles y los burgueses. Una dama distinguida y coqueta debía saber manejar el abanico y su lenguaje.


¿Cuál es el origen del abanico?
Así pues, es en China donde se encuentra el abanico más antiguo. Creado inicialmente para protegerse del sol y de la lluvia durante los trayectos en carro, su uso se multiplicó y el abanico acabó siendo conocido en el mundo entero.
Evidentemente, en los países cálidos se utilizan para abanicarse, para darse aire y refrescarse cuando aprieta el calor. Los abanicos de antaño no eran exactamente iguales a los que encontramos hoy en el mercado. En efecto, entre los egipcios, por ejemplo, en las tumbas de Tebas aparecen representados los reyes rodeados de sus portadores de abanicos, que tenían forma de semicírculo fijado a un mango.
También se ven con esta forma entre los asirios, los persas y los árabes, utilizados en las ceremonias religiosas y sirviendo además para preservar las ofrendas de toda impureza.
La India habría tomado de China la moda del abanico. En este último país se cuenta, por cierto, que su origen se debería a la hija de un poderoso mandarín, Kan-Si, que se habría quitado la máscara con la que se cubría el rostro a causa del calor durante la Fiesta de los Faroles y, queriendo darse aire, la agitó lo más cerca posible de su cara, ya que la ley le ordenaba ir velada. Hizo movimientos tan rápidos que los presentes no pudieron distinguir nada de su fisonomía. Todas las mujeres chinas que llevaban máscara imitaron su ejemplo y así quedó inventado el abanico.
Sin embargo, los historiadores de este país remontan el uso de este objeto al reinado de Wu Wang.
El abanico: modelos y prácticas culturales por países
Historia del abanico en España, de la nobleza al flamenco
Accesorio de moda, elemento de seducción y símbolo del flamenco, el abanico es un objeto emblemático en España. No obstante, ante todo resulta ser una herramienta indispensable para afrontar el verano, cuando el calor es intenso y difícil de soportar.
Según la tradición andaluza, el abanico se utiliza sobre todo en espectáculos de flamenco o en ceremonias.
Se cuenta que fue Cristóbal Colón quien trajo en sus baúles, a su regreso de América, un abanico de plumas para la reina Isabel la Católica, un regalo lujoso.
Se admite que probablemente fue en esa época cuando el abanico empezó a tener un nuevo uso, respaldado por la aparición de una palabra nueva: «abano». En efecto, si el viento («vent» en francés) está en el origen de las palabras francesas «éventail» (abanico) y «éventer» (abanicar), el equivalente español «abanico» tiene su origen en el verbo portugués «abanar», que significa mover, sacudir, agitar.
Es en el siglo XVII cuando el uso del abanico se generaliza en toda Europa, y sobre todo en la Europa mediterránea.
España y Oriente son entonces los únicos grandes productores que fabrican abanicos en grandes cantidades y a precios irrisorios. Valencia es el centro indiscutible de esta industria en España. Existen distintos tipos: de encaje, de seda… Los abaniqueros de Valencia se muestran especialmente hábiles en la fabricación de abanicos plisados elaborados con materiales nobles, como la madera y el nácar.


Breve historia del abanico en Francia, entre aristocracia y lujo
El abanico llegó a Europa en el Renacimiento de la mano de navegantes portugueses que regresaban de Japón y se fue extendiendo poco a poco.
La moda es la que guía principalmente la gran diversidad de tipos de abanicos: los hay de muchas formas, fabricados con todo tipo de materiales.
Los abanicos de lujo eran los abanicos más caros y lujosos. Su particularidad residía en que estaban ricamente decorados con materiales nobles representativos de cada país de origen. Además, sus varillas eran bastante grandes y estaban hechas de materiales como el carey o el marfil. Si se trataba de regalos, solían ir grabados.
En el siglo XVIII, los artesanos franceses, italianos e ingleses convierten el abanico en un objeto de arte, decorado con pinturas o bordados que representan temas bíblicos, mitológicos o escenas galantes, y con materiales preciosos.
Grandes nombres marcarán la producción de abanicos de ese siglo: Alexandre, Duvelleroy, Kees…
Hoy en día, la alta costura vuelve a poner el abanico en escena. En Francia, el Atelier Anne Hoguet es el último especialista que diseña y restaura abanicos según las reglas del oficio.
El abanico en Japón, objeto mítico del teatro y la danza tradicional japonesa
El uso de este objeto se extenderá a Japón a través de Corea.
Los japoneses inventarán en el siglo VII de nuestra era el abanico plegable, el «sensu», concebido por un artesano al observar las alas de un murciélago, que se plegaban y se desplegaban.
A partir de 1540, los portugueses, de regreso de Japón, difundirán el abanico por Europa desde el mercado mayorista de Lisboa. Italia se sumará de inmediato a esta nueva forma de abanico.
En Japón existen dos tipos de abanicos, el uchiwa y el ogi (o sensu). El uchiwa es un abanico de forma ovalada, redonda o cuadrada con un mango fijo que no se pliega. El ogi, por su parte, es el abanico que conocemos hoy, un abanico que se pliega.
El abanico es, sin duda, un objeto de uso cotidiano para refrescarse los días de mucho calor, pero ante todo es un objeto profundamente arraigado en la cultura japonesa. Lo encontramos sobre todo en distintas artes tradicionales, como el teatro japonés kabuki, la danza tradicional nihon buyō y el arte narrativo humorístico rakugo. De hecho, el uso del abanico nos recuerda inevitablemente la imagen de la geisha, verdadera maestra del arte japonés.
Sin olvidar el gunsen, el abanico de guerra que utilizaba el shogun, jefe militar.


El abanico en China, una tradición de más de dos mil años
China posee el ejemplo de abanico más antiguo que se conoce, que data del siglo VII a. C.: se trata de un abanico de pantalla.
El tipo de abanico que se utilizaba entonces aún no era portátil como lo conocemos y no servía para abanicarse. El abanico, llamado Shanhan, iba unido a los carros tirados por caballos para protegerse de los rayos del sol, pero también para resguardarse de la lluvia.
Al cabo de algunas décadas, el Shanhan evolucionó hasta convertirse en un abanico de mango largo llamado Zhangshan, fabricado con plumas o con finos tejidos de seda. En aquella época, el Zhangshan se utilizaba principalmente como decoración y formaba parte del uniforme de la guardia de honor del emperador.
El primer abanico chino utilizado tal y como lo conocemos hoy, para refrescarse, se inventó en la época de la dinastía Zhou (1046-256 a. C.), es decir, hace más de 2000 años. Estaban hechos principalmente de plumas y en chino se llamaban «ventilador de plumas». Estos abanicos eran populares sobre todo entre la clase adinerada, ya que fabricarlos resultaba caro.
Más tarde, una variante de bambú permitió democratizar el abanico, que se volvió más asequible.
La popularidad de estos abanicos continuó hasta la dinastía Song (960-1279). Se inventó un nuevo tipo de abanico de seda, de forma redonda para parecerse a la luna, llamado «abanico redondo» o tuanshan. Debido a su pequeño tamaño y a su sencillez de uso, los abanicos redondos se hicieron muy populares rápidamente, en particular entre las jóvenes chinas.
Los abanicos chinos estaban hechos de plumas, hojas de palmera, bambú o seda, y la riqueza del mango variaba según la persona que lo llevaba.
Los abanicos redondos permitieron brillar a algunos artistas, ya que el asa solía estar grabada con bonitos motivos y adornada con un colgante de piedra preciosa. La parte redonda del abanico se decoraba con pinturas que evocaban la naturaleza o la cultura china.
El abanico: preguntas prácticas
El lenguaje del abanico
Más allá de su utilidad, el abanico también permitía indicar de manera discreta en las ceremonias, mediante signos no verbales, si uno estaba interesado o no, molesto, atraído, etc. Este lenguaje secreto depende de las posiciones y la orientación del abanico: abierto o cerrado, en la mano derecha o en la izquierda, tapando la boca, la mejilla o el pecho… Estos códigos de seducción podían expresar, por ejemplo, el amor, la indiferencia, los celos o el desdén. Veamos algunos:
- cerrarlo rápidamente significa «Estoy celosa»;
- cerrado en la mano derecha: «Busco novio»;
- cerrado en la mano izquierda: «No estoy soltera»;
- agitarlo muy deprisa: «Te quiero mucho»;
- golpearlo con otro objeto: «Me estoy impacientando»;
- cubrirse con él parte del rostro: «Nos están vigilando»;
- o también apoyar el país del abanico sobre los labios: «Bésame».
Finalmente, en 1827, resulta que un tal Duvelleroy funda en París su empresa de fabricación de abanicos y marroquinería. Con el negocio en auge, abre una segunda tienda en Londres y, como golpe publicitario, publica un pequeño folleto con los signos de un «lenguaje del abanico». Este folleto, divertido y original, dio algo que hablar, pero los historiadores han demostrado claramente que este lenguaje del abanico nunca llegó a formar parte de las costumbres de la época. ¡Una idea curiosa que tuvo éxito como herramienta de marketing para la casa Duvelleroy!
Para este retrato de María Luisa de España, gran duquesa de Toscana (1765): «La apertura de la pintura gira en torno al retrato, en primer plano, de María Luisa, representada de cara al espectador, grácil en un sillón de respaldo dorado y tapizado de terciopelo rojo, en actitud regia y con un abanico en la mano; este singular instrumento de seducción y de lenguaje cifrado recorre a lo largo de los siglos los lienzos más sensuales, preciosos y refinados de los artistas de todos los tiempos».


Etimología de la palabra francesa «éventail» y sus distintos significados
Si descomponemos la palabra francesa «éventail», vemos que está formada por el prefijo «é», seguido de la palabra «vent» (viento) y terminada con el sufijo «ail».
El prefijo «é» indica la acción de quitar, retirar o desplazar algo. Por ejemplo, «égrener» significa quitar los granos, «égoutter» es quitar las gotas y, por último, «éventer» quiere decir desplazar el viento.
Según el CNRTL, también puede entenderse que la palabra «ventail» designaba la parte de la visera de los yelmos cerrados por donde pasaba el aire. La relación con el viento es evidente.
A continuación encontramos, pues, la palabra «vent» y luego el sufijo «ail», que procede del latín «aculum» y aparece en la formación de derivados que designan herramientas o que remiten a palabras a las que se asocian la vitalidad y la productividad.
Hoy en día, la palabra «éventail» tiene varias definiciones.
La primera es la que nos interesa: una «pantalla que se agita para dar aire».
La segunda corresponde a una forma o apariencia, como puede decirse de los pies o de los árboles, por ejemplo: «avoir les pieds en forme d'éventail» (tener los pies en forma de abanico).
Por último, «éventail» puede designar un conjunto de elementos más o menos variados de una misma categoría, sinónimo de «gama» o «panel», muy utilizado en economía.
El plural de éventail en francés: ¿éventails o éventaux?
Curiosidades de la lengua francesa: muchos sustantivos terminados en -ail forman el plural en -aux, como travail (trabajo), que pasa a travaux. ¡Pero no es el caso de nuestro abanico! En plural, éventail simplemente lleva una «s»:
- un éventail (un abanico),
- des éventails (unos abanicos).
¿Cómo hacer un abanico?
Accesorio de moda imprescindible para soportar el calor intenso, el abanico también puede complementar con estilo tus looks del día a día. Lo encontrarás en distintos tamaños, colores, formas y materiales, y podrás elegir el que más te guste y mejor combine con tu ropa. Es un objeto cotidiano: tanto si estás de vacaciones como en el trabajo, no olvides meter el abanico en el bolso, ¡te acompañará de maravilla a lo largo del día!
¿Dónde comprar un abanico?
Para encontrar el abanico que necesitas, tendrás que acudir a tiendas especializadas como, por ejemplo, Vent de bohème, donde encontrarás un abanico fabricado de forma tradicional con madera y algodón. Los tejidos estampados y coloridos te permitirán encontrar el abanico que va contigo.
Un abanico para hacer tú mismo
Si tienes una necesidad urgente, ¡ahí está el famoso abanico de papel de toda la vida, para creaciones rápidas y al alcance de la mano! Solo necesitarás una simple hoja de papel plegada con regularidad, con pliegues bien apretados. Un abanico de un solo uso que puede aliviar las esperas o las molestias de las olas de calor que vivimos.
Y, por supuesto, más allá del abanico de papel, puedes crear uno desde cero con los materiales que más te gusten. El abanico siempre ha adoptado múltiples formas, adaptándose a las costumbres y modas de cada país.

Abanicos de madera de fabricación artesanal
Redescubre el placer del abanico con las creaciones originales de Vent de bohème: abanicos de madera y algodón estampado para lucir un accesorio de moda único.
¡Revive la historia del abanico y déjate inspirar por esta selección bohemia chic!